Mondragon se obliga a priorizar las reservas frente al reparto de beneficios a los socios

Mondragon se obliga a priorizar las reservas frente al reparto de beneficios a los socios

29/11/2018

La Corporación Mondragon cerró el pasado 14 de noviembre el círculo de medidas de blindaje anti crisis que comenzó a preparar en 2016 tras el 'shock' vivido por la caída de Fagor Electrodomésticos. El Grupo aprobó en su Congreso 2018 -celebrado en el Palacio del Kursaal de San Sebastián- una importante ponencia (la filosofía a instaurar después en todo el Grupo) sobre el modo de repartir los resultados de las cooperativas. En el fondo subyace la apuesta decidida por reforzar el capital de las empresas del primer grupo industrial español y el primer empleador privado en Euskadi para, sencillamente, estar preparados para el futuro, sea del color que sea.

El Congreso -la gran cita anual del Grupo- dio su visto bueno casi por unanimidad a la ponencia  tras la intervención del presidente, Iñigo Ucín, quien subrayó en su discurso ante los 650 compromisarios (representantes de las cooperativas) la importancia de la adaptación a los tiempos, la intercooperación, la innovación y el esfuerzo compartido.

Ucín hizo especial hincapié en el hecho de que la nueva arquitectura del reparto de resultados (que se aplicará desde el 1 de enero del próximo año) no busca sino el fortalecimiento de las cooperativas y la sostenibilidad de los negocios. Ideas, ambas, que ya salieron reforzadas en el Congreso de 2016, en el que se aprobaron las ponencias 'Mondragon del futuro' y 'Política Socio empresarial 2017-2020', y en las que todo Mondragon quedó emplazado a buscar fórmulas para blindar la fortaleza financiera, reforzar el patrimonio de las empresas y, así, poder invertir o afrontar momentos valle.

La ponencia aprobada por Mondragon y a la que tuvo acceso DV, señala que es «totalmente imprescindible un buen equilibrio entre los recursos propios de la cooperativas y los ajenos, siendo conscientes de que un crecimiento sano es aquel que se apoya preferentemente en los propios para reforzar el patrimonio de cara al futuro».

«Si queremos que nuestros negocios alcancen una dimensión competitiva adecuada se convierte en una cuestión de primer orden la asignación de más recursos a la reinversión y a reforzar la capitalización sostenida de las cooperativas», añade el texto, que sentencia: «El socio más importante es la propia cooperativa».

La ponencia resalta una y otra vez la importancia de contar con suficientes recursos propios en las cooperativas. ¿Por qué? Por la sencilla razón, explica la nueva 'hoja de ruta' para el reparto de los beneficios en Mondragon, de que «posibilita el crecimiento del negocio, permite aguantar mejor en épocas de crisis y ayuda a esquivar la aversión al riesgo» de los financiadores externos.

¿Y qué compone los recursos propios de una cooperativa? Básicamente, el capital social (el que pusieron en su día los socios y que luego fue creciendo conforme pasaba el tiempo y llegaban los resultados) y las reservas (las que se restaban de los beneficios para hacer colchón).

Precisamente, la naturaleza de este concepto -en primer lugar variable, pues los socios se llevan su dinero cuando se van, y procíclico, pues todo crece cuando el negocio va bien pero merma cuando no- es lo que ha obligado a Corporación a fijar una serie de nuevos criterios para el reparto de beneficios.

Máxime cuando se ha descubierto (según un examen a las cooperativas industriales del grupo en el periodo 2010-2015) que solo el 25% de los resultados se destina al patrimonio común frente al 75%, que se convierte al fin y al cabo en patrimonio individualizado de los socios. La ponencia quiere «reequilibrar» ese reparto e inclinar la balanza hacia la generalidad y no tanto hacia la individualidad. El gran cambio -algo complicado si no se maneja habitualmente la terminología del Grupo- pasa por la fijación de una serie de criterios o exámenes de rentabilidad, capacidad de pago de la deuda y fortaleza patrimonial que servirán para obtener tres 'notas' y en base a ellas definir dos cosas muy importantes: el pago de intereses al capital obligatorio (el que se pone al ingresar en la empresa) de los socios -que habitualmente se llevan al bolsillo al terminar cada año- y la distribución de los retornos o 'dividendos', que ahora será bastante más exigente. Es una manera como otra cualquiera de 'apretar' para anteponer la salud financiera de la cooperativa.

Si se alcanzan determinadas ratios en cada uno de esos tres exámenes, apenas variarán las cosas respecto al actual sistema. Pero si no se saca buena nota, los intereses del capital disminuyen (y con ellos, el dinero que se lleva el socio al bolsillo) y la distribución de los resultados prima el engorde de las reservas frente a los citados retornos. Cabe señalar que según se acumulan los 'suspensos' en ese análisis de potencia financiera, la cantidad de dinero ganado por la cooperativa disponible para repartir cae de manera drástica; así, la empresa sana podrá distribuir hasta un 70% del beneficio bruto, pero la renqueante, entre un 10% y un 50%, como máximo. La ponencia no deja de ser un suelo, con lo que las cooperativas que quieran ser aún más exigentes consigo mismas siempre lo podrán elevar.

Fuente: El Diario Vasco

volver

Agenda