Economía Social en Euskadi, más necesaria que nunca

Economía Social en Euskadi, más necesaria que nunca

15/02/2013

Carlos Askunze
Coordinador de REAS Euskadi (Red de Economía Alternativa y Solidaria) y Gerente de Gizatea (Asociación de Empresas de Inserción del País Vasco)

La Economía Social, es sus diversas y plurales expresiones, cuenta con una larga tradición e implantación en nuestra comunidad y, por ello, se presenta como un espacio idóneo para el mantenimiento, en medio de esta crisis, de esas miradas y prácticas económicas diferentes que priorizan las personas por encima del capital, promueven su participación democrática en el desarrollo de la propia actividad y contribuyen al desarrollo local con su compromiso con el territorio.

La Economía Social tuvo sus orígenes en la necesidad de encontrar respuestas alternativas a los problemas sociales que el capitalismo comenzó a generar ya en su primer desarrollo. En la actualidad y ante la crisis más que evidente del funcionamiento del sistema capitalista, cabe resaltar la oportunidad de abrir espacios a nuevas concepciones y prácticas económicas que, como la Economía Social, reivindican visiones y prácticas alternativas. Se trata de impulsar nuevas miradas a la economía desde perspectivas normativas y éticas, que orienten su actividad al desarrollo de las personas y comunidades. Que la economía, por tanto, no se convierta en un fin en sí mismo, sino en un medio para el bienestar; y que sean las personas y los pueblos quienes dirijan su orientación, frente a los mercados, organismos financieros o empresas transnacionales que actualmente marcan las agendas y decisiones económicas.

La Economía Social, es sus diversas y plurales expresiones, cuenta con una larga tradición e implantación en nuestra comunidad y, por ello, se presenta como un espacio idóneo para el mantenimiento, en medio de esta crisis, de esas miradas y prácticas económicas diferentes que priorizan las personas por encima del capital, promueven su participación democrática en el desarrollo de la propia actividad y contribuyen al desarrollo local con su compromiso con el territorio.

Pero al igual que cuenta con esa potencialidad, la Economía Social vasca enfrenta algunos retos importantes para su crecimiento, así como para dar respuestas más efectivas a los interrogantes que esta época nos presenta. Así, y en primer lugar, es necesario reforzar su función social y económicamente transformadora, por lo que sus iniciativas requieren de redimensionar la función política que cumplen, más allá del desarrollo de sus prácticas concretas. Esta función debe traducirse en mayores esfuerzos de comunicación y sensibilización social, así como en ganar mayores cuotas de interlocución con instituciones y agentes económicos, políticos y sociales vascos.

Igualmente, cabe desear una mayor encuentro de las diferentes “familias” que aún con sus diferencias (en tamaño, recorrido, visión, acentos…) comparten espacio en la Economía Social vasca. La experiencia iniciada a partir del Observatorio Vasco de la Economía Social o la Jornada de la Economía Social en Euskadi celebrada el 1 de febrero de 2012 (a instancias de KONFEKOOP y en la que todas las redes participamos en su organización y en la presentación de un manifiesto compartido) son elementos que, recientemente, han abierto espacios de comunicación y encuentro para todas las organizaciones. Pero consideramos que hay que reforzar la creación de un espacio permanente de relación y de trabajo conjunto que en un futuro no muy lejano pueda desembocar, si existiera suficiente consenso, en la construcción de un CEPES vasco.

Y más allá del encuentro y la relación, es necesario encontrar espacios de intercooperación para el desarrollo de proyectos conjuntos y para el aumento de la significatividad y de la eficacia de la Economía Social vasca. Espacios de intercooperación que se traduzcan en iniciativas como el desarrollo de herramientas de innovación social en la mejora de la gestión empresarial y en la participación de las personas, el impulso de circuitos comerciales más amplios, el desarrollo de nuevos instrumentos financieros cooperativas como el proyecto de Banca Ética Fiare, la incorporación del objetivo de la inserción laboral de personas en situación o riesgo de exclusión como elemento de responsabilidad social empresarial, la colaboración con otras organizaciones e instituciones en el impulso de planes de desarrollo humano local, etc.

Y, como no podía ser de otra manera, la Economía Social vasca afronta un importante reto para su actualización y continua reinvención: promover espacios para la investigación y la formación, fomentando de manera especial el trabajo compartido con universidades en el desarrollo de cursos especializados, títulos de postgrado específicos, proyectos de investigación, edición de publicaciones, organización de jornadas y congresos, etc.

Con ello, además, aumentaremos la tan necesaria visibilidad del espacio propio de la Economía Social en la sociedad vasca, podremos crecer en el número de empresas e iniciativas y, especialmente, en agregación de ciudadanos y ciudadanas que quieren apoyar activa y conscientemente –con sus recursos, con su compromiso o como participantes en las diferentes cadenas económicas– la construcción de espacios alternativos de producción, financiación, comercio y consumo. Espacios propios de la Economía Social vasca que contribuyan, en estos tiempos sombríos, a la generación de experiencias económicas más equitativas, inclusivas y solidarias.

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