OPINION. Alejandro Martínez Charterina, Catedrático de la Universidad de Deusto y Director del Instituto de Estudios Cooperativos

OPINION.  Alejandro Martínez Charterina, Catedrático de la Universidad de Deusto y Director del Instituto de Estudios Cooperativos

23/02/2015

Las cooperativas y los jóvenes

 

La Organización de Naciones Unidas declaró 2011 como Año Internacional de la Juventud y 2012 como Año Internacional de las Cooperativas.

 

El curso 2013 -14 se llevaron a cabo distintas actividades, en las que tuvo participación el Instituto de Estudios Cooperativos de Deusto, para profundizar en la relación entre jóvenes y cooperativas uniendo de este modo los temas a los que Naciones Unidas acababa de dedicar años consecutivos, y fruto de las cuales es la publicación que acaba de ver la luz con el título “Difusión de los valores y principios cooperativos entre la juventud” (Dykinson, Madrid, 2015).

 

El punto de partida de esta reflexión es la consideración indubitada de que los jóvenes constituyen una riqueza para cualquier sociedad en la medida en la que deben protagonizar su desenvolvimiento futuro, y las cooperativas, en consecuencia, piensan en ellos para promover su participación presente y encargarles su continuidad. En ese sentido se debe interpretar que la Alianza Cooperativa Internacional al aprobar su Declaración sobre la Identidad Cooperativa en el Congreso Centenario, celebrado en Manchester en 1995, destacó expresamente a los jóvenes como destinatarios a los que las cooperativas deben informar acerca de la naturaleza y beneficios de la cooperación, dentro del texto del quinto principio cooperativo, el de educación, formación e información, el que se ha considerado tradicionalmente como la “regla de oro” del cooperativismo.

 

Hoy día, sin embargo, nos encontramos ante dos realidades que pueden resultar muy inquietantes: por un lado el cambio generacional se ha agrandado notablemente como consecuencia fundamentalmente de los avances tecnológicos, especialmente en materia de comunicaciones, al tiempo que las pirámides de población en los países desarrollados van invirtiéndose; por otro lado, estamos inmersos en una crisis sin precedentes que deja sin posibilidad de empleo a la mitad de los jóvenes. En este contexto cabe preguntarse ¿Cómo reaccionará esta generación joven frente a la intensidad y la rapidez de los cambios?¿Cómo evolucionarán sus formas de vida, sus valores, su capacidad de compromiso?¿Qué espacio va a ocupar esta generación bien preparada, poseedora de ideales y de la fortaleza propia de su edad, que se mueve por el mundo con facilidad y que maneja bien las nuevas tecnologías?

 

En este contexto la cooperativa puede constituir una buena oportunidad para estos jóvenes que pueden encontrar en ella un espacio de realización personal y profesional: empleo, formación, experiencia de gestión democrática, asunción de responsabilidades, así como la satisfacción de buena parte de sus necesidades.

Pero, del mismo modo, los jóvenes tienen mucho que aportar a la cooperativa, que necesita encarar el futuro desde las ideas y perspectivas nuevas, la adecuada preparación, la sucesión en el liderazgo, la continuidad en la pretensión de llevar a cabo una empresa democrática, sostenible y socialmente responsable.

 

Tras un profundo análisis de una tipología de los jóvenes españoles de 2014, según sus valores, el catedrático de Sociología Javier Elzo considera que algo más de la mitad de los mismos, comprendidos entre los 15 y los 24 años, pueden sintonizar perfectamente con los valores del cooperativismo y constituir una buena base sobre la que avanzar en el futuro.

 

Ante esto, y desde el convencimiento de las bondades de la cooperación, es preciso animar a las cooperativas y sus organizaciones para que profundicen en la adecuada atención de estos jóvenes a través de la comunicación, la formación y el acceso a la participación.

 

La comunicación es un reto permanente para las cooperativas en ámbitos en los que su visibilidad es inexistente o muy pequeña. La formación es esencial al cooperativismo, que requiere el conocimiento y aceptación de una identidad propia que debe inspirar su actividad y que cualifica para la asunción de responsabilidades. El acceso a la participación recoge la facilidad para ingresar en una cooperativa existente o para constituir una nueva.

 

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