Opinión: Ignacio Bretos Fernández, "Al rescate de la Responsabilidad Social Empresarial vasca"

Opinión: Ignacio Bretos Fernández, "Al rescate de la Responsabilidad Social Empresarial vasca"

31/10/2014

¿Qué ha pasado con la Responsabilidad Social Empresarial? Hasta hace no mucho, concretamente hasta que comenzó la actual recesión económica, estaba en boca de todos, era un concepto de moda, pero parece que ya no se habla tanto de ello. ¿Por qué? La respuesta es simple, era la empresa capitalista la que tenía el poder mediático y económico para apropiarse de esta herramienta. Pero, ¿y ahora?...

Curiosamente, hasta el inicio de la crisis económica, aquella que comenzó allá por el año 2008, la empresa capitalista invertía dinero y esfuerzo en tratar de visibilizar en la sociedad su énfasis en la responsabilidad social, eso sí, más que en cumplirla de puertas para dentro. Obviamente, por lo general, lo utilizaban más como una herramienta de marketing, como un “lavado de cara”, que como lo que propiamente es, un instrumento que debe ir arraigado a la cultura y a la praxis de la organización empresarial, implementado transversalmente en ella, pues sólo así constituye realmente un mayor valor y se erige como un factor de competitividad sostenible.

No sería osado afirmar que, a raíz de la crisis, el grueso del tejido empresarial vasco, conformado por pequeñas y medianas empresas, ha comenzado a recortar gastos en primer lugar por sus políticas de responsabilidad social, siendo la devaluación de los derechos y condiciones socio-laborales de los trabajadores una clara referencia en este sentido.

Asimismo, las grandes empresas que copaban -y lo siguen haciendo- los rankings en responsabilidad social acumulando multitud de certificados y distinciones, no han dudado en ventilarse de un plumazo toda esa “preocupación social y medioambiental”, si es que alguna vez había existido, cuando sus resultados económicos han pasado de 10 dígitos a 8. Bien es cierto que su poderío económico les ha permitido seguir incluyéndolo en su discurso publicitario, pero parece que ya se han quedado sin argumentos para que alguien se lo crea. Cuando escuchamos eso de “energía verde” o “energía social” de alguna de estas empresas y conocemos los datos de pobreza energética, o cuando hablan del “Fondo Social Vivienda”, y conocemos las cifras de desahucios, cuesta atisbar un mínimo de ética y coherencia en estas empresas.

En cambio, pensemos en una entidad de Economía Social, ¿alguna vez las hemos visto en lo alto de esas listas codeándose con grandes bancos o las energéticas? La pregunta es retórica. Por sentido común deberían estar las primeras, ya que la mayoría de estas entidades, siempre hay excepciones, llevan la responsabilidad social impresa en su ADN desde que nacen, forma parte de su idiosincrasia, y no la entienden como una política concreta a implantar en su organización o una manera de ganar clientes. Parece que ésta es razón suficiente para que el sector de la Economía Social dé un golpe sobre la mesa y reclame lo que es suyo por derecho, y la crisis, una vez más, supone una oportunidad también en este sentido.

Además, no podemos obviar que, en esa ardua pero vital tarea que supone visibilizar, impulsar y fomentar la Economía Social hasta que se perciba como una alternativa viable, sólida y eficaz para el conjunto de la sociedad, la Responsabilidad Social Empresarial, que de tan buen nombre sigue gozando entre la ciudadanía, puede servir estratégicamente como uno de los ejes vehiculares para lograrlo.

Pero, para todo esto, es necesario que el sector de la Economía Social sea la referencia, la “cabeza visible”, en este campo y recupere así el valor político, transformador, innovador de la Responsabilidad Social Empresarial. En ello, juega un papel fundamental el tratar de visibilizar en la sociedad las buenas prácticas del sector que, si bien no debería implicar un coste a nivel interno en este tipo de entidades, ya que como decimos, la mayoría asumen con total naturalidad en su día a día este carácter de responsabilidad en el ámbito social y medioambiental de su actividad, sí exige un importante esfuerzo a la hora de transmitirlo y difundirlo de cara al exterior.

En este marco, se erige imprescindible instrumentalizar herramientas concretas con el objetivo de que sirvan como referentes en la medición del compromiso social y medioambiental de las empresas, estableciéndose criterios comunes de valoración, certificación y verificación a nivel colectivo. Por otra parte, crear distinciones o “sellos” y rankings propios para el sector de la Economía Social vasca también puede sumar a la hora reflejar las buenas prácticas de dichas entidades de una manera más accesible y atractiva para la ciudadanía.

Existen diversos ejemplos en nuestro entorno más próximo que van en esta dirección. REAS Euskadi establece una Auditoría Social que aúna el diagnóstico de la realidad del sector y de cada entidad, participaron 58 en 2013, con el proceso de mejora de éstas en torno a los principios de la Economía Solidaria. La Confederación de Cooperativas de Euskadi (Konfekoop) promueve el uso de ADVALUA, una herramienta de RSE, elaborada en colaboración con GRI, que contiene indicadores específicos para la Economía Social. ASLE, por su parte, integra herramientas web elaboradas por ellos y/o SOPRECS, tales como la “Herramienta de Diagnóstico de RSE en Clave de Participación”. EHLABE asume la importancia de evaluar, en términos monetarios, el retorno social de las inversiones en discapacidad, lo que puede considerarse un termómetro de la responsabilidad social de estas entidades, empleado por ejemplo en Gureak o Lantegi Batuak.

Por último, destacar la necesidad de incidir en transmitir, y que la gente perciba, las diferencias existentes entre la RSE de la empresa capitalista y de la empresa de Economía Social. En caso de que no logremos lo que venimos señalando, la Responsabilidad Social Empresarial seguirá adoleciendo de las mismas carencias que hasta ahora… ¿A qué esperamos?


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